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lunes, 1 de abril de 2019

El retorno de los brujos
analiza la posibilidad de que otras civilizaciones hayan florecido y caído sobre la Tierra, exponiendo datos e indicios que el tiempo transformó en mitos. Incluye un largo debate sobre las pirámides egipcias, la Isla de Pascua, las líneas de Nazca, los mapas de Piri Reis, o textos hindúes, entre otros. Hay notas sobre las civilizaciones demenciales vislumbradas por el escritor H.P. Lovecraft, y el mundo de la Tierra Media imaginado por J.R.R. Tolkien. Incluye una crítica ácida sobre la Alemania nazi como transformación de la base cultural y moral que permite explicar lo inexplicable. Se analizan los vínculos entre la elite nacionalsocialista y diversos cultos esotéricos, así como la creencia en mitologías y cosmogonías abominables que, en determinado punto, se transforman en la ciencia oficial. Valiéndose de El pueblo blanco (The white people) de Arthur Machen, miembro del Alba Dorada (Golden Dawn), donde se diferencia el mal absoluto de las pequeñas maldades castigadas por la ley, ilustran su posición. Los experimentos telepáticos organizados por la marina norteamericana en 1958 dan comienzo a un capítulo sobre parapsicología. Más allá de las curiosidades del libro, El retorno de los brujos plantea un cambio de paradigma, señalando que la realidad es mucho más compleja y sutil de lo que suponemos, y que nuestra percepción de los hechos está afectada por el reduccionismo racionalista, dejando poco margen a la imaginación. Lo fantástico es lo que subyace tras el mecanismo del sentido común, hijo del saber oficial. El “realismo fantástico” pretendía ser una especie de superrealismo, una integración de la poesía y de la ciencia, capaz de penetrar en las sombras de todos los misterios. Antes, en 1961, el éxito de El retorno de los brujos había llevado a Bergier y a sus colaboradores a editar una revista mensual sobre los mismos temas, llamada Planète, de cuyo primer número se publicaron 5000 ejemplares y tuvo cinco reediciones. En el momento de mayor venta, cada número sobrepasaba las 100 000 copias. No obstante el éxito inicial, la revista dejó de publicarse en 1968. Bergier fue un personaje público y notorio en su momento, que incluso llegó a ser caricaturizado por Hergé en el álbum de Tintín “Vuelo 714 para Sydney”, encarnando a Ezdanitoff, el estrambótico director de la revista Comète, supuestamente contactado por extraterrestres. En 1953, un amigo común puso en contacto a Jacques Bergier con Louis Pauwels, periodista y escritor humanista de tendencias místicas. Aunque aparentemente no tenían mucho en común, pronto surgió la amistad, y de ahí el proyecto de un libro en colaboración. Tal como ya he indicado, inicialmente la idea de Pauwels era escribir sobre la historia y la realidad de las sociedades secretas, pero Bergier lo convenció para ampliar los contenidos. Trabajaron juntos durante varios años. El material de trabajo era proporcionado por Bergier y la redacción final correspondía a Pauwels. El resultado final fue El retorno de los brujos, subtitulado Una introducción al realismo fantástico, que fue publicado por Gallimard en 1960.
El retorno de los brujos (original Le Matin des Magiciens) es el título de un libro publicado en 1960, subtitulado Una introducción al realismo fantástico.

Lo escribió Louis Pauwels, en colaboración con Jacques Bergier, y trataba temas entonces novedosos: supuestos fenómenos parapsicológicos, civilizaciones desaparecidas, el esoterismo y su conexión con el nazismo, etc. Pretendía dar comienzo a una nueva revolución cultural, y levantó una gran expectación. En los años 1960 y 1970 se vendieron más de 2 millones de ejemplares en francés y otros idiomas, publicándose la primera traducción al español en 1962. El libro El retorno de los brujos es un texto que, sin dudas, marcó una época, sobre todo las décadas del 60´y 70´ del siglo XX, cuando Jacques Bergier y Louis Pauwels lo escribieron, quizá con una intención de revolucionar toda la cultura de la época. Y podemos decir que estuvieron a punto de lograrlo. El libro recibió cientos de elogios, pero también numerosas críticas. Este libro cayó en mis manos hace muchos años, todavía durante la época franquista,  y ejerció una gran influencia en mí, abriéndome la mente  hacia temas relacionados con nuestro pasado y que generalmente son obviados por la comunidad científica.  A todos los que estén interesados en este tipo de temas, les recomiendo leer este magnífico libro. Tal como dijo Isaac Newton:  ”Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”.  Tal como hemos indicado, en El retorno de los brujos podemos observar una mezcla muy interesante de alquimia, parapsicología, esoterismo y su relación con el nazismo, así como un amplio espacio dedicado a las civilizaciones perdidas, con especial hincapié en las pirámides de Egipto, la Isla de Pascua y los mapas de Piri Reis.

Según Louis Pauwels: “Este libro resume cinco años de búsqueda, en todos los sectores del conocimiento, en las fronteras de la ciencia y de la tradición. Me lancé a esta empresa claramente superior a mis medios, porque ya no podía seguir rechazando este mundo presente y por venir, que es, sin embargo, el mío. Pero de todos los extremos nace la luz. Habría podido encontrar más deprisa una vía de comunicación con mi época. Es posible que no haya perdido del todo mi tiempo marchando hasta el final de mi propio camino. Los hombres no encuentran lo que se merecen, sino lo que se les asemeja. Durante largo tiempo, busqué, como quería el Rimbaud de mi adolescencia, «la Verdad es un alma y un cuerpo». Y no lo logré. En la persecución de esta Verdad, perdí el contacto con las verdades pequeñas que hubiesen hecho de mí, no ya él superhombre al que llamaba con todo mi anhelo, sino un hombre mejor y más unificado de lo que soy. Sin embargo, aprendí cosas preciosas sobre el comportamiento profundo del espíritu, sobre los diferentes estados posibles de la conciencia, sobre la memoria y la intuición, que no hubiese aprendido de otra manera y que debían permitirme, más tarde, ver lo que hay de grandioso, de esencialmente revolucionario en la cumbre del espíritu moderno: la interrogación sobre la naturaleza del conocimiento y la necesidad apremiante de una especie de transmutación de la inteligencia. Cuando salí de mi nicho de yogui para lanzar una ojeada a este mundo moderno que condenaba sin conocerlo, percibí de golpe lo que tiene de maravilloso. Mi estudio reaccionario, a menudo lleno de orgullo y de odio, me fue útil en impedir mi adhesión a este mundo por su lado malo: el viejo racionalismo del siglo XIX, el progresismo demagógico. Me había impedido también aceptar este mundo como una cosa natural y, simplemente porque era el mío, aceptarlo en un estado de conciencia adormecida, como hacen la mayoría de las gentes. Con los ojos refrescados por mi larga permanencia fuera de mi tiempo, vi este mundo tan rico en fantasías reales supuestas. Mejor aún, lo que aprendía del siglo modificaba, haciéndolo más profundo, mi conocimiento del espíritu antiguo. Vi las cosas antiguas con ojos nuevos, y mis ojos eran también nuevos para ver las cosas nuevas“.
2
Charles Ragin
Sociólogo norteamericano, muy amigo de las matemáticas, es padre fundador del análisis cualitativo comparativo (qualitative comparative analysis), un método de investigación que mezcla cuantitativo y cualitativo a base de teoría de conjuntos, álgebra y análisis profundo de los casos. Esta metodología se emplea cada vez más en Sociología, Ciencia Política, Historia y otras disciplinas. Es propiamente el creador de un método de investigación que ha hecho renacer y catapultar la investigación comparativa, que ciertamente estaba decayendo.
1
Mark Granovetter
Si hubiera estudiado economía ya le habrían dado el Premio Nobel de Economía por la influencia enorme de su obra. Ha conseguido algo inaudito: los dos artículos más citados hechos por un sociólogo son suyos “La Fuerza de los Vínculos Débiles” y “Economic Action and Social Structure: The Problem of Embeddedness”. Este norteamericano, profesor de la Universidad de Stanford, ha subrayado la relevancia de las redes en las acciones económicas y la importancia de las relaciones más alejadas o menos intensas (vínculos débiles) en el logro de recursos como trabajo o el éxito de acciones colectivas. Escribe poco, pero aquello que hace marca tendencia en todas las ciencias sociales, es muy citado en economía, teoría organizacional, management y análisis de redes. Su obra tiene una gran virtud: leyendo sus textos se te ocurren ideas, algo no fácil de conseguir. Prueba de ello es que es muy citado, lo que significa que al leer su obra muchos autores se inspiraron.
6
Erving Goffman
Canadiense de nacimiento, este sociólogo es más un clásico que un contemporáneo, pero es incluido en este ránking ya que su obra sigue siendo actual y relevante para estudiar las instituciones, las interacciones y el comportamiento. Su obra clave es La presentación de la persona en la vida cotidiana, donde señala que llevamos una máscara que vamos cambiando según la situación. Es uno de los libros más citados de la sociología. Además, Goffman se recluyó en un psiquiátrico para entender las instituciones totales como hospitales y cárceles. Si hablamos de identidad hemos de pasar por Goffman, o si investigamos discursos,comunicación o movimientos sociales usando frame analysis hemos de leerlo.
5
Luc Boltanski
Sociólogo francés, muy ligado a la filosofía como toda la Sociología en Francia, ha desarrollado, junto a Laurent Thévenot, la teoría que toda justificación se basa en unos mundos u órdenes de valor. Cualquier argumentación que usamos se basa en un mundo cívico, doméstico, industrial, de fama, de inspiración o de mercado. Muy recomendable su libro De la Justification, algo complicado de entender en la primera lectura pero te ayuda a comprender mejor la moral, los discursos, los libros, incluso la publicidad y las negociaciones. En el enlace anterior puedes leer el capítulo 1. Tendrá un gran influencia cuando sea traducido al español. También destacada su obra El nuevo espíritu del capitalismo junto a Ève Chiapello, donde se señalan las nuevas bases críticas del capitalismo y ayuda a ver cómo la oposición al capitalismo ha fracasado por estar separada de movimientos culturales y artísticos.
4
Pierre Bourdieu
Ha hecho tanto en tantos aspectos que siempre que investigamos un tema en Sociología ya sea en organizaciones, profesiones, clase social, movimientos sociales, elites, moda, arte, política o economía nos encontramos con su nombre y alguna obra suya. Destacan sus teorías del habitus en La Distinción y los diversos capitales en "Las Formas del Capital".
3
Robert Putnam
Este sociólogo se dio cuenta que en EEUU la gente había perdido los lazos comunitarios y no participaba de organizaciones, se caía el civismo y confianza social, y todo ello era una de las causas principales de la pérdida de democracia en el país. Putnam titula su obra señalando que “jugar solo a los bolos” es indicador del “declive del capital social” (Bowling Alone: America’s Declining Social Capital). Aunque empezó investigando sus tesis en EEUU, probó sus teorías de capital social en diversos lugares y escenarios. El concepto de capital social es uno de los más usados y que más ha crecido en los últimos años en Sociología y Ciencia Política, y este crecimiento se debe en gran parte a la obra de Putnam. Los trabajos posteriores creados a partir de la obra de Putnam han influido enormemente políticas sanitarias, educativas, económicas y criminales, ya que se ha demostrado en muchos casos el impacto del capital social en la reducción de enfermedades, creación de capital humano, desarrollo económico y reducción de la criminalidad.

10
Saskia Sassen
Holandesa de nacimiento, esta socióloga es archiconocida por sus trabajos sobre las ciudades globales (La Ciudad Global). No es la primera ni la mejor descriptora de la globalización, pero sí aquella que ha estudiado sus efectos en las ciudades y ha tenido un impacto altísimo más allá de la Sociología. Su trabajo es escuchado por geógrafos, políticos, constructores y diseñadores. Aunque no la hayas leído has escuchado su nombre. Tiene un escrito recomendable sobre el futuro de la sociología Una sociología de la globalización.
9
Walter Powell
Conocido como Woody Powell este sociólogo de la Universidad de Stanford es junto a Paul J. DiMaggio impulsor del nuevo institucionalismo. Se pregunta por qué las organizaciones de un sector son tan parecidas y señala que hay isomorfismo, una especie de imitación debida entre otras cosas a aspectos cognitivos en la formación de los profesionales. Al pasar por las mismas instituciones, los directivos desarrollan esquemas mentales parecidos que les lleva a aplicar estrategias similares. Su artículo “The Iron Cage Revisited” es uno de las obras sociológicas más citadas.
8
John Scott
Británico que se ha dedicado a estudiar a las elites, el poder y las redes sociales. Ha mostrado los mecanismos que utilizan las elites para organizarse y dominar. Más que crear teorías famosas John Scott se ha dedicado a resucitar los estudios del poder y a dar claridad y forma al análisis de redes sociales. Esta resurrección de las elites y claridad del análisis de redes han hecho que sea ampliamente leído y comentado dentro de la sociología si se quiere investigar sobre elites o redes. Enlace a sus publicaciones.
7
Manuel Castells
Su principal obra La era de la información es un ancla sobre la que se comienza a hablar de la sociedad de la información. Este sociólogo español señala que la información es el eje sobre el que se estructura la sociedad contemporánea y los países. Ha conseguido mucha influencia en todas las ciencias sociales y es muy popular por sus conferencias sobre movimientos sociales y tecnología.

martes, 8 de enero de 2019

RELACIONES HISTÓRICAS ENTRE LA FÍSICA Y LA SOCIOLOGÍA
Claudio Rubio A.
 
Por otra parte la separación entre ciencias sociales y ciencias naturales ha sido un
 
tema siempre presente en la epistemología, si consideramos que su objeto es el
 
conocimiento científico, desde la separación hecha por Windelband entre ciencias con una
 
epistemología nomotética (búsqueda de leyes físicas) e idiográficas (que destacan la
 
particularidad de los fenómenos sociales) hasta las actuales corrientes realistas que abogan
 
por la unidad epistemológica de ambas áreas. Muchas tendencias tratan este problema y en
 
la actualidad no se da la excepción, existiendo distintos puntos de vista al respecto.
 
Los fundamentos de la ciencia moderna tienen su origen en la física como
 
disciplina, a finales del renacimiento, con los descubrimientos astronómicos y físicos de
 
Copérnico, Galileo y Kepler, los cuales fueron cimentados teórica y filosóficamente por
 
Newton, marcando el camino para el posterior desarrollo de la ciencia hasta bien entrado el
 
siglo XX, pero también marca el comienzo de la división entre las llamadas “dos culturas”,
la ciencia por un lado con una base empírica, y la filosofía y las humanidades por otro, en el
lado del conocimiento y razonamiento sin una base y resultados pragmáticos como su
contraparte. Respecto a los cambios paradigmáticos en las ciencias naturales, lo que ha
caracterizado a la ciencia moderna (a partir de la época de la Ilustración) –más
específicamente a la ciencia occidental, a diferencia de otras formas de hacer ciencia, como
 
la ciencia china o la ciencia india- es el descubrimiento de “leyes naturales”, siendo el   
deterministas y reversibles donde el futuro y el pasado cumplen la misma función. No es
 
novedad que la interpretación de la Teoría General de la Relatividad de Einstein y su
 posterior desarrollo reemplazó la cosmología –el orden y explicación del Universo- de

Laplace, basada en Newton; o que los actuales conocimientos en biología y genética son

más avanzados que los postulados de Darwin y Mendel en el siglo XIX, en realidad esto

está referido a “adelantos” o avances de la ciencia, sin embargo estas dos características,

determinismo y reversibilidad, en general se han mantenido. En este sentido, al cambio al

que apunta esta investigación, más que a los avances en la ciencia, tienen que ver con los

cambios en los mismos fundamentos de la ciencia -epistemológicos- que se reformularon a

partir de nuevos descubrimientos y teorías. El impacto de estos cambios, producidos

principalmente en el siglo XX, es de tal trascendencia que llega a marcar un quiebre con la

ciencia moderna, o visión clásica de la ciencia, abriendo paso a un nuevo tipo de ciencia,

mucho más compleja que su antecesora, con una nueva disposición en cuanto a aceptar

elementos, conceptos e ideas que antes era imposible que se incluyeran dentro de ella, por

sus mismas características fundamentales.
 

Es en este contexto de división entre estas dos grandes áreas, cuando en vista de la

necesidad de sistematizar el conocimiento acerca de los seres humanos y su

comportamiento, donde surgen institucionalmente las ciencias sociales en el siglo XIX,

basadas en la física y con una clara tendencia a adoptar el modelo newtoniano de las

ciencias –dado principalmente por su triunfo sobre la filosofía en la época- aunque con

elementos de ambas áreas: en las ciencias sociales se hacían presentes elementos propios de

los seres humanos que para las ciencias eran inadmisibles: la historia, el pensamiento, la

contingencia, la indeterminación. Si bien en este sentido en un comienzo se tendió hacia el

positivismo, existieron tendencias contrarias, y en la mayoría de las áreas de las ciencias

sociales y específicamente en la sociología, a partir del siglo XX la situación para estas

cambió radicalmente, estableciéndose nuevas teorías dadas tanto por los cambios a nivel

disciplinario e institucional, como también dado por los cambios en la misma sociedad para

la cual fueron concebidas. De esta forma llegamos a la situación actual donde se presentan

distintas tendencias, tanto a nivel teórico, como de las mismas epistemologías que sustentan

estas formas de conocimiento.
 
 
 

 
 

 











martes, 27 de mayo de 2014

La Economía Política del Surgimiento de las Profesiones


Carmen Quintero Russo - Socióloga

El surgimiento de las profesiones, tal y como las conocemos hoy día es el resultado de un proceso largo y complejo, ligado al cambio social que impuso el  desarrollo del capitalismo industrial.  Previo a eso en toda sociedad encontramos "hombres de letras", individuos que dedicaban su vida a dilucidar los misterios de  la naturaleza y a crear marcos de referencia que permitieran su explicación. Con el paso del tiempo su papel social cobra mayor importancia en la sociedad y su quehacer se especializa, llegando a formar un estrato social y a gozar de un determinado estatus. Pero esto no se da de manera uniforme en todas las sociedades, dependiendo de ciertas particularidades tanto en el plano económico, social y político. El explicar este proceso, su presencia o ausencia es el tema de este trabajo.

El término intelectual fue creado por Clemenceau en un artículo publicado en Láurore, el 23 de enero de 1898, describiendo  al grupo de los defensores de Dreifus (Nettl, 1969:87; Feuer, 1976: 48). El uso inicial del término  generó una concepción del intelectual como un oposito del "estatus quo", como una fracción de la clase educada con aspiraciones políticas (Feuer, 1876: 49).  Por otra parte, la tendencia a ver a los intelectuales en contra del orden social, también surgió de la relación que se ha establecido entre los intelectuales y la "intellighentsia", grupo involucrado en actividades de  oposición política en Rusia y en Polonia (Gella, 1976: 12; Feuer, 1976: 48; Malia, 1961: 2; Gorki, 1960: 233).

El intelectual ha sido definido como un grupo que ha manifestado un deseo apasionado por adquirir conocimientos y por el trabajo creativo (Huszar, 1960: 82). Benda (1960) al referirse a los intelectuales dice que estos conforman un tipo de hombre, que "son aquellos que buscan el gozo en la práctica de un arte o ciencia o especulación metafísica, breve en la posesión de ventajas no materiales (217).

Benda también enfatiza el contraste entre el intelectual y el hombre de acción y deplora la tendencia de los "oficinistas" de final del siglo XIX de "jugar en el juego de las pasiones políticas" (218). Su obra "La Trahison des Clercs" puede considerarse como una denuncia de las actividades políticas de los intelectuales que más bien deberían responder a un llamado de amor, de justicia y de verdad (Gella, 1976: 19).

Weber (1963) identificó a los intelectuales como "predestinados" a propagar  el sistema de los valores nacionales. Weber vio una relación necesaria entre los intelectuales y aquellos hombres que ejercen el poder político, dado que existe una conexión muy estrecha entre el prestigio de la cultura y el prestigio del poder (1946:176).

Weber enfatiza que el estudio de la relación histórica entre los intelectuales y la sociedad se debe tomar en consideración las fuentes de autoridad, el sistema de valores y el sistema integrador de la sociedad.  El poder constituye el punto focal en el análisis Weberiano lo que explica a través del estudio de fuerzas sociales  tales como la autoridad, los intereses  materiales y la orientación por valores (1946: 286-297).

Por profesión Weber entiende la particular especificación, especialización y coordinación que muestran los servicios prestados por una persona en las relaciones de mercado.  La profesión constituye una fuente de ingresos duradera. De esta manera considera a la profesión "en conexión de reciprocidad" con las "clases típicas de ingresos".

 

Los intelectuales como "hombres de ideas" o "especialistas en cultura" han existido en todas sociedades; son un producto histórico y contribuyen al desarrollo de la cultura y del conocimiento. En la estructura social, su posición, el papel que desempeñan, sus funciones, el contenido de sus ideas y el trabajo que realizan depende del nivel de desarrollo de las necesidades de la sociedad y de sus propias concepciones de la realidad social.

La transformación de los intelectuales en un estrato social depende de condiciones socio-históricas muy específicas como las que se dieron en Rusia y Polonia durante los siglos XVIII y XIX.  El por qué esto no ocurrió en sociedades occidentales es en parte el resultado de la articulación de las fuerzas institucionales del nuevo orden social que surge con el desarrollo del capitalismo.  La "intellighentsia" debe considerarse como un fenómeno único que no puede simplemente identificarse con la existencia de intelectuales (Gella, 1976:11).

El surgimiento de la "intellighentsia" como estrato social está unido a las transformaciones generadas por el proceso de industrialización en la sociedad medieval. Esta se desarrolla como estrato social en sociedades de la Europa Oriental, específicamente en Polonia y Rusia.  Allí va a desempeñar una función particular y un rol político. La "intellighentsia" presenta "una combinación específica de características psicológicas, maneras y estilos de vida, estatus social y sobretodo un sistema de valores" (Gella, 1976: 13).

En Polonia la formación de la "intellighentsia" se inicia en el siglo XVI durante el período de los "Reyes electos", el que  se caracterizó como "el período más oscuro en la historia de Polonia. Fue un período de anarquía y desgaste de las instituciones sociales" (Zsczepanski, 1970: 12).  La "intellighentsia" polaca estuvo influenciada por las ideas del Iluminismo, particularmente por Rousseau; estaba comprometida con el logro de la independencia política de su nación. Surge como un movimiento político después de la primera partición de Polonia por Rusia, Prusia y Austria en 1772. Era parte del movimiento de reforma que buscaba cambiar el sistema educativo y el sistema político (Zsczepanski, 1970: 13-16; Gella, 1976: 13).

En Rusia  la "intellighentsia" se desarrollo en los círculos intelectuales de 1830 y de 1840, lo que introducen un giro ideológico en la forma del idealismo filosófico alemán (Malia, 1861:2). El factor decisivo entre ellos su actitud contra el régimen existente, el deseo de abolir el zarismo.  La "intellighentsia" rusa como fenómeno histórico se relaciona a la expansión de la cultura occidental que produjo una minoría de gente educada hacia el final del siglo XVII. Ya en los siglos XIX y XX este grupo crece numéricamente y se convierte en un vocero de la opinión pública (Pipes, 1961: 48).

La "intellighentsia" rusa fue influenciada especialmente por el pensamiento positivista francés y alemán. Los intelectuales rusos se vieron a sí mismos como agentes del progreso en una sociedad atrasada (Pipes, 1961: 48).  Este grupo estaba formado básicamente por "raznocincy" grupos "declasse" y por grupos de la nobleza, el clero y la burguesía. La presencia de los "raznocincy" fue un elemento indicativo de que la "intellighentsia" no encajaba dentro del sistema estamental oficial.  Durante el siglo XIX  fue considerada como un grupo opositor, cuya misión era llevar a cabo una reestructuración moral de la sociedad.

Tanto en Rusia como el Polonia la  "intellighentsia" como estrato social se desarrollo como respuesta a los problemas sociales de la nación. Aparece en un período histórico caracterizado por la acumulación de problemas sociales que no podían ser solucionados a través de políticas reformistas de la clase dominante.  Por otra parte el bajo desarrollo de las fuerzas productivas en ambos países, lo que se reflejaba en la ausencia de industrialización, urbanización y crecimiento poblacional, hizo a este estrato cultural más ideológico, orientado políticamente.

Los intelectuales occidentales nunca han formado un estrato social como en Polonia y Rusia, lo que obedece, históricamente, a la ausencia de una burguesía como clase y a un proceso de industrialización en la transformación de la sociedad. En Occidente, durante las fases iniciales de formación del capitalismo las relaciones de intercambio se extienden hacia la superestructura de la sociedad y afectan la producción del conocimiento. Lo se da por la creciente demanda de servicios por parte de la industria a las ciencias naturales.  Esto lleva a convertir el producto del trabajo científico en mercancía y al intelectual en profesional.

Con el surgimiento del capitalismo industrial los sistemas educacionales fueron reformados a fin de satisfacer las demandas del sistema productivo, convirtiendo a la educación formal en una condición necesaria y previa a la práctica del trabajo científico e intelectual.  El conocimiento formal se convierte en una mercancía y las ocupaciones basadas en dicho conocimiento se convierten en medios para ganar un salario y los intelectuales se preocupan por problemas diferentes a aquellos que preocupan a la "intellighentsia" rusa y polaca.

La Sociología del Conocimiento nos ofrece el marco de referencia necesario para entender esta situación al enfatizar la relación entre los modos de pensamiento y su base existencial. Así, el conocimiento debe entenderse a partir de su base histórica y los intelectuales que crean y preservan dicho conocimiento se convierten en representantes de los grupos sociales, articulando diferentes intereses.

Parte de la consideración de que el individuo refleja el pensamiento de su grupo y de que para pensar el individuo utiliza elementos dados por la sociedad. Es a través de la participación en los diversos grupos sociales que el individuo introyecta los elementos de la superestructura y entra en contacto con la sociedad global. La sociología del conocimiento gira en torno de un conjunto de preguntas que plantean lo siguiente:

1.     ¿Cómo varía el pensamiento humano en tiempo y lugar?

       2.     ¿Bajo qué condiciones sociales se producen cambios o variaciones en él
             pensamiento?

       3.    ¿Originan las bases sociales/formas de vida del grupo diferencias de  pensamiento?

Como teoría sociológica, la sociología del conocimiento desarrolla un cuerpo conceptual que explica la importancia de los elementos extra-teóricos que condicionan el conocimiento, tales como el estilo de vida, los patrones de interacción, las formas de organización de la comunidad y el nivel de satisfacción de las necesidades. Entre sus preocupaciones esta ver como las condiciones de las posiciones (oportunidades, limitaciones, destrezas) dentro de una categoría social (clase social), contribuyen a explicar su orientación hacia ciertos eventos.

También busca conocer cuál es el papel del conocimiento en la sociedad, en la estructuración de las relaciones individuo-sociedad y personalidad y estructura social, haciendo énfasis en el aspecto histórico del sistema social y de la naturaleza humana. La determinación social o existencial del pensamiento se refiere a que el proceso de conocer se desarrolla históricamente y no proviene de la naturaleza de las cosas o de puras posibilidades lógicas.

Conocer es una forma de aprehender la realidad, y supone un ordenamiento dado por la cultura. Tanto el conocer como el conocimiento son productos internalizamos los contenidos de la cultura, que sirve de marco a la acción subjetiva de entender los símbolos y la intención de la acción social.

Siguiendo este marco de reflexión, tenemos que durante el desarrollo del capitalismo en las sociedades de Europa Occidental, las críticas de los intelectuales se orientan a socavar las bases de la sociedad feudal y no entran en contradicción con los intereses de la burguesía en ascenso como clase dominante.  De esta manera los intelectuales participan con la burguesía en el proceso de formación de las nuevas instituciones. Los intelectuales se transforman en profesionales durante la revolución industrial como respuesta al desarrollo de las fuerzas productivas y la especialización generada por la división del trabajo (Huszar,1960: 104).

En las etapas iniciales del desarrollo del capitalismo aquellos que practicaban las profesiones liberales fueron desplazados y marginados de la jerarquía social a pesar de gozar ciertos privilegios y de mantenerse neutral hacia la sociedad. Los intelectuales en Europa Occidental  desempeñaron una función específica articulando los diferentes intereses y formulando las ideologías fundamentales para el cambio social.

El desarrollo de la burguesía en Europa Occidental fue un factor crucial que limitó el desarrollo de la "intellighentsia" como estrato social y grupo de oposición. En Inglaterra los intelectuales eran hombres ´prácticos´ involucrados en el trabajo científico que sustento el desarrollo de la revolución industrial. Los intelectuales se convirtieron en profesionales.  El término intelectual como ´hombre de espíritu´ se utiliza en forma peyorativa (Huszar, 1960:20).

En Francia el desarrollo de la burguesía se da en términos políticos. Durante la Revolución Francesa participaron tanto intelectuales y como filósofos cuyos planteamientos críticos del orden social feudal contribuyeron a la formación de nuevas formas de organización social.  Los intelectuales con su orientación al cambio social estimularon a la burguesía en su articulación como clase social y se vieron a sí mismos como parte del movimiento Iluminista al crear y transmitir conocimientos: filosofía, literatura, arte (Huszar, 1960:89).

En las sociedades occidentales, los intelectuales bajo las condicione de libre mercado son forzados a escoger entre profesiones. de esta manera en vez de organizarse como la "intellighentsia clásica" y propiciar el desarrollo de los grupos de oposición se insertaron dentro del proceso productivo. Como bien dice Huszar, "......el empresario capitalista, los maestros en economía política, los organizadores de la nueva cultura y la ley, de acuerdo a su propia imagen" (1969: 97).

En la economía de libre mercado la dicotomía entre los propietarios de capital y los poseedores de la fuerza de trabajo moldea la estructura de clase y su forma de estratificación social. Es en el mercado de trabajo donde tanto los dueños del capital como los vendedores de la fuerza de trabajo se encuentran y entran en transacciones. De este intercambio surge la estructura ocupacional, la que refleja la diferenciación interna de la división del trabajo y su inherente desigualdad social.  La posición del individuo en la estructura ocupacional es mediatizada por las relaciones de clase, que en el mercado de trabajo se reflejan en el nivel educativo y las oportunidades de movilidad social.

Dentro de este marco de a análisis estructural, los intelectuales han sido forzados  a vender su trabajo mental de acuerdo a las leyes del mercado (Larson, 1977: 210-211) y como profesionales se ven a sí mismos como propietarios de un conocimiento especializado.  El intelectual-profesional no posee capital y en este sentido se parece al obrero en lo referente a la posición que ocupa en la estructura de clases, dado que vive de la venta de su fuerza de trabajo y es también explotado por el capital.  Pero por otra parte se diferencia del obrero en que realiza un trabajo intelectual y a veces administrativo.  Esto último le da una función específica dentro del proceso de reproducción de las relaciones capitalistas dirigiendo a otros trabajadores y organizando el trabajo dentro del marco de la eficiencia capitalista.

El carácter especial del conocimiento intelectual coloca a quienes lo poseen fuera de las filas del proletariado.  Su posición y su función dentro de la estructura de clases les permite adquirir una mejor educación, un mejor ingreso, mayores posibilidades de movilidad social y un estilo de vida comparable con el de la clase alta.

En el mundo post moderno el conocimiento se ha convertido en un medio de producción. En este momento histórico se produce una transformación de la sociedad.  De manera que cambia la propia realidad, el mundo, tal y cómo la percibimos y consecuentemente  la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y a los demás.

A nivel del conocimiento se producen nuevas estrategias epistemologías y de aprendizaje. La percepción fragmentada de la realidad que fomenta el actual escenario sociocultural tiene consecuencias insospechadas desde el punto de vista de la formación intelectual y moral. Puesto que se generan las circunstancias ideales para que sólo se valore una mentalidad operativo-funcional (Reid, J. "Conocimiento Científico y Posmodernidad").

Los profesionales basándose en su monopolio del conocimiento, destrezas y diplomas han logrado adquirir poder dentro del mercado de trabajo.  El conocimiento especializado, adquirido y defendido a través de las universidades tiene un carácter de escasez relativa dentro del mercado de trabajo, lo que le da a su poseedor una mayor autonomía y control sobre su trabajo. El conocimiento intelectual-profesional es valorado y definido por la sociedad de acuerdo al significado que tenga dentro del proceso de reproducción social, lo que legitima dicho conocimiento.

Los profesionales realmente lo que venden, más que su fuerza de trabajo es el producto de sus conocimientos. Ellos (los médicos, arquitectos, ingenieros entre otros) se han convertido en empresarios intelectuales más que en asalariados y comparten con el capital (y los capitalistas) la responsabilidad de la reproducción social.
Referencias Bibliográficas
 

Benda, J.
1976
"The Treason of the Intellectuals" en Huszar The Intellectuals a Controversial Portrait, Glencoe: The Free Press.
Urteaga, E.
 
"Sociología de las profesiones: una teoría de la complejidad" en Lan Harremanak. Revista de Relaciones Laborales, No 18, 2008.
Feuer, L.
1976
"What is an Intellectual" en Gella op.cit.
Gella, A.
1976
The Intelligentsia and the Intellectuals. California: Sage Publications.
Gella, A.
1976
"An Introduction to the Sociology of the Intelligentsia" en Gella, op.cit.
Gorki, M.
1976
"The Responsibility of Soviet Intellectuals", en Huszar, op.cit
Huszar, J.
1976
The Intellectuals a Controversial Portrait. Glencoe: The Free Press.
Larson, M.
1977
The Rise of Professionalism. A Sociological Analysis. Berkeley: University of California Press.
Ludz, P.
1976
"Methodological Problems in Comparative Studies of the Intelligentsia. en Bella, op.cit.
Malia, M.
1961
"What is the Intelligentsia" en Pipes, op.cit.
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